¿Arriba o abajo? ¿En qué posición debe dormir un bebé?

Publicado el abril 28, 2022 por

Práctica clínica

El síndrome de muerte súbita del lactante (SIDS por sus siglas en inglés: Sudden Infant Death Syndrome) fue reconocido como una causa mayor de muerte infantil en el Reino Unido y Estados Unidos a lo largo del siglo XX. A principios de siglo, dichas muertes fueron atribuidas a asfixia por aplastamiento involuntario durante la noche, sobre todo en madres ebrias. A partir de la década de los 40, una vez hubo más muertes investigadas por autopsia, los patólogos comprobaron que pocas muertes eran debidas a aplastamiento materno, y se empezaron a sopesar mecanismos alternativos de “asfixia mecánica accidental”.

En 1944, Abramson – patólogo del estado de Nueva York – observó que dos tercios de los bebés muertos por un mecanismo de asfixia fueron encontrados boca abajo, contrariamente a la posición habitual para dormir a los bebés en ese momento. Esta observación llevó a la promoción de una campaña de salud donde se recomendaba evitar dicha posición, de frente, boca abajo o también llamado en decúbito prono para dormir (1).

Pero, ¿cómo terminaron las madres cambiando la posición de dormir de los bebés de boca arriba a boca abajo?

Desde los años 40 hasta mediados de los años 50 los textos recomendaban dormir a los bebés boca arriba o de lado. Sin embargo, el cambio repentino a favor de dormirlos boca abajo se encuentra ilustrado en el libro Baby and Child Care del doctor Benjamin Spock, quien recomendó la posición en decúbito prono en la edición de su libro de 1956. En éste argumentó, con una lógica que parecía irrefutable y con un cierto grado de autoridad: “Hay desventajas de que un bebé duerma boca arriba. Si vomita, es más probable que se ahogue en el vómito. Además, tenderá a mantener la cabeza vuelta hacia un solo lado, pudiendo aplanar ese lado de la cabeza. Creo que es preferible acostumbrar al bebé a dormir boca abajo desde el principio”. Muchos autores repitieron estos argumentos y, además, otros argumentaron que dormir de frente reducía la tos debida al moco y facilitaba la respiración. A partir de ese momento poner a los bebés a dormir boca abajo se convirtió en una práctica generalizada en los hospitales, que fue seguida obedientemente en casa por millones de padres (2).

 

Sin embargo, ahora sabemos que esa práctica, que nunca se evaluó de forma rigurosa, ocasionó decenas de miles de casos de muerte súbita del lactante que se podrían haber evitado. Dormir boca abajo se asocia con una forma más redonda de la cabeza, erupción del pañal y estenosis pilórica. Además, también se asocia con una mayor duración del sueño, probablemente al reducir el control fisiológico de los mecanismos de control respiratorio, cardiovascular y autónomo. Y en cambio, de entre las razones dadas para defender el dormir boca abajo, no hay clara evidencia de que dormir boca arriba incremente el riesgo de llanto, inhalación de vómito o cólicos.

 

Aunque es verdad que no todas las muertes súbitas del lactante que hubo en esos años se pueden atribuir a este consejo de dormir boca abajo, sí que se vio una drástica reducción de las muertes por SIDS en cuanto se abandonó tal práctica y se difundió el consejo de volver a poner a dormir a los bebés boca arriba.

La recomendación que hizo el doctor Spock pudo haber parecido lógica, pero se basaba en una teoría sin verificar.

 

Es inusual que los consejos de salud tengan un efecto tan profundo sobre la mortalidad y que se detecten efectos tan trágicos a partir de consejos de salud que no se basan en evidencia de efectividad. Si las revisiones sistemáticas hubieran sido una práctica común a principios de la década de los 70, tanto los padres como los profesionales y los responsables de la formulación de políticas, habrían sido conscientes del efecto acumulativo de la posición en decúbito prono y el síndrome de muerte súbita del lactante al menos 15 años antes del 1988. E, incluso si los resultados se hubieran considerado insuficientes para cambiar la práctica, deberían haber estimulado la publicación anticipada de estudios adicionales.

Enlaces sugeridos:

 

 

Autoras:

  • Sandra Umpierrez Cassinelli – sandramemolandia@outlook.de. Universitat Autònoma de Barcelona – Hospital de la Santa Creu i Sant Pau
  • Núria Fernández Verdés – nuriafeve@gmail.comUniversitat Autònoma de Barcelona – Hospital de la Santa Creu i Sant Pau

 

 

Referencias:

  1. Gilbert R, Salanti G, Harden M, et al. Infant sleeping position and the sudden infant death syndrome: systematic review of observational studies and historical review of clinicians’ recommendations from 1940-2000. International Journal of Epidemiology 2005;34(4):874-87.
  2. Evans I, Thornton H, Chalmers I et al. TESTING TREATMENTS BETTER RESEARCH FOR BETTER HEALTHCARE.2nd. ed. Pinter & Martin Ltd, 2011.
  3. TASK FORCE ON SUDDEN INFANT DEATH SYNDROME. SIDS and Other Sleep-Related Infant Deaths: Updated 2016 Recommendations for a Safe Infant Sleeping Environment. Pediatrics. November 2016, 138 (5) e20162938; DOI: https://doi.org/10.1542/peds.2016-2938
  4. Moon RY, Hauck FR. Risk Factors and Theories. En: Duncan JR, Byard RW, editores. SIDS Sudden Infant and Early Childhood Death: The Past, the Present and the Future. Adelaida, SA, Australia: University of Adelaide Press; 2018.
  5. Daniel C. Shannon, Carl E. Hunt. SIDS and Sleeping Position. Pediatrics. February 1993, 91 (2) 511-512.
  6. Nelson K. Ordway. Sleeping positions. Pediatrics. November 1992, 90 (5) 782.

Tags:

Cochrane Crowd

From Anna, Emily, Gordon and the rest of the Cochrane Crowd Team Ver más entradas from

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Subscribe to our newsletter

You will receive our monthly newsletter and free access to Trip Premium.