Lo nuevo no siempre significa mejor: El caso de la talidomida

Publicado el abril 21, 2022 por

Pensamiento crítico

La Talidomida es un fármaco sintetizado por Wilhem Kunz y comercializado por la empresa farmacéutica alemana Grünenthal GmbH® entre los años 1957 y 1961 (7). Se empleaba como sedante y como calmante de las nauseas en aquellas embarazadas con hiperémesis gravídica durante los tres primeros meses de gestación (2). Como sedante tuvo mucho éxito porque comparado con otros sedantes barbitúricos que había disponibles en aquel momento, tenía la ventaja de que en caso de una ingestión masiva no era letal.

 

Imagen 1: comprimidos de talidomida de 50mg.

Sin embargo, en el caso de las embarazadas tuvo efectos devastadores, ya que más tarde se demostró que era teratogénica. El mecanismo teratogénico era doble, por una parte, pasaba a través de la placenta de las embarazadas ejerciendo su efecto de manera directa sobre el feto, y, por otra parte, también afectaba a los espermatozoides de los hombres que la consumían teniendo efectos teratogénicos desde el momento de la concepción. Entre los efectos teratogénicos que es capaz de producir se encuentran las focomelias, dismelias y amelias, que son básicamente la malformación y/o ausencia total o parcial de alguna o diversas extremidades. En estos niños se diagnosticaron otras malformaciones como: cardiopatías congénitas de diversos tipos, atresias y estenosis del tubo digestivo, microcefalia, anencefalia,  malformaciones renales y en los órganos de los sentidos y cara (1).

 

Imagen 2: Focomelias causadas por el efecto teratogénico de la talidomida.

No fue hasta el inicio de los años 60 cuando médicos de Alemania y Australia relacionaron estas malformaciones en recién nacidos con el hecho de que las madres habían tomado talidomida al principio del embarazo. Los efectos imprevistos de la talidomida se sospecharon y se confirmaron porque la asociación entre el uso del fármaco en el embarazo y el nacimiento de bebés sin miembros fue impresionante. Prácticamente nunca antes se habían visto ese tipo de deformidades (1). Esto hizo saltar todas las alarmas y en el año 1961 el fabricante retiró la talidomida del mercado. En España se retiró en 1963 (2). Muchos años después, tras una serie de campañas públicas y demandas judiciales, las víctimas empezaron a recibir indemnizaciones (1). Sin embargo, no fue hasta el 2012, poco después del 50 aniversario de la descripción de los efectos teratogénicos de la talidomida, cuando la empresa farmacéutica pidió por primera vez disculpas públicamente.

El número de víctimas con estas terribles anomalías fue inmenso: en los 46 países donde se prescribió la talidomida, hubo miles de bebés afectados, sumando más de 12.000 casos en todo el mundo (4). En España se calcula que pudieron ser alrededor de 2.500 a 3.000 los afectados (2). Aproximadamente falleció el 15% de los afectados. Los continentes más afectados fueron Europa y África (1).

 

Imagen 3: Titular de ”El diario del siglo XX” publicado en 1962.

Aunque la epidemia tuvo un alcance global, pues en todos los continentes hubo países afectados, Estados Unidos quedó indemne gracias a que Frances Kelsey, funcionaria de la FDA, negó la aprobación de la talidomida por dicha administración alegando que las pruebas practicadas a la sustancia activa en la etapa anterior a su comercialización eran insuficientes y que faltaba evidencia referente a su seguridad (1). Así pues, vemos que la talidomida se comercializó sin la suficiente experimentación clínica, hasta tal punto que en un inicio no era necesaria una receta médica para adquirirla.  

Todo esto motivó un cambio de paradigma en la medicina de la época, en la que reinaba la medicina experimental, así llamada por el propio Claude Bernard, hacia una medicina más basada en la evidencia. El gran inconveniente de la línea de pensamiento de la medicina experimental derivaba de que el saber práctico se adquiría exclusivamente mediante la extrapolación del conocimiento teórico o experimental (6). Si esto se aplica al caso de la talidomida es fácil darse cuenta como un error teórico, como lo fue el asumir que la barrera placentaria es impermeable a los medicamentos, conllevó efectos catastróficos en miles de recién nacidos. 

La medicina basada en la evidencia se basa en el empleo de la mejor evidencia proveniente de la investigación clínica para la toma de decisiones en el manejo del paciente individual (5). De esta forma, en Estados Unidos, por ejemplo, se formalizó el uso de ensayos clínicos controlados como método para evaluar los fármacos antes de ponerlos a disposición para su uso en sujetos humanos y antes de incorporarlos en el registro nacional de drogas. Por otra parte, en Gran Bretaña se creó en 1964 el “Programa de la tarjeta amarilla”, poniendo de manifiesto la importancia de los problemas que ocurren con posterioridad a la autorización de un fármaco, es decir, de los efectos adversos que aparecen después de la comercialización de un determinado fármaco y que hasta el momento no se tenía constancia. Este programa se trata de una ficha en la que cualquier persona, ya sea trabajadora del ámbito de la salud o no, puede notificar a través de la web www.yellowcard.gov.uk  un presunto efecto adverso después de la toma de un medicamento. A nivel español, esta iniciativa se instauró el año 1982 por petición del Departamento de Farmacología de la Universitat Autònoma de Barcelona, y que dos años más tarde llevó a la creación del Sistema Español de Farmaco-vigilancia de Medicamentos de Uso Humano (3).

Por tanto, se puede decir que la talidomida fue un punto de partida y de inflexión en la percepción de los riesgos de los medicamentos, y, en consecuencia, de la implantación de un marco de protección científico, ético y legal. Unos sesenta años más tarde de la catástrofe de la talidomida, a día de hoy existen normativas muy estrictas sobre investigación preclínica y clínica, recomendaciones sobre el uso de fármacos en embarazadas, así como sistemas de vigilancia de defectos congénitos e identificación de teratógenos.

Es por todo esto que parece difícil que lo ocurrido con la talidomida se vuelva a repetir, pero aún así, la historia ha demostrado que todavía queda un largo camino para aprender qué tratamientos son los más seguros y eficaces durante el embarazo. Por ello, no hay que olvidar la precaución en el uso de los medicamentos y la estricta valoración de los riesgos y beneficios durante el embarazo, y cómo la medicina basada en la evidencia siempre será la mejor aliada a la hora de tomar decisiones clínicas. 

 

 

Autores:

  • Sergi Pérez Céspedes – Universitat Autònoma de Barcelona, Hospital de la Santa Creu i de Sant Pau.
  • Emma Piulachs Martínez – Universitat Autònoma de Barcelona, Hospital de la Santa Creu i de Sant Pau.

 

Referencias

1.- Chávez Viamontes, J. A., Quiñones Hernández, J., & Bernárdez Hernández, O. (2009, December 28). Talidomida, contextos históricos y éticos. Scielo. Retrieved October 27, 2021, from http://scielo.sld.cu/pdf/hmc/v9n3/hmc07309.pdf

2.- Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos. (2011, June 1). Los niños de la talidomida, 50 años después. Médicos y Pacientes. Retrieved October 28, 2021, from http://www.medicosypacientes.com/articulo/los-ninos-de-la-talidomida-50-anos-despues

3.- Evans, I., Thornton, H., Chalmers, D. I., & Fracgp, G. P. M., PhD. (2013). Los tratamientos, a prueba: mejor investigación para mejorar la salud (2nd ed., pp. 4, 69, 81). Pinter & Martin Ltd.

4.- Ghoreishi, K. (2014). Thalidomide. En Encyclopedia of Toxicology (3.a ed., pp. 523–526). Elsevier. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-386454-3.00791-0

5.- Huicho, L., Yhuri Carreazo, N., & Gonzales, C. (2013). La Medicina Basada en la Evidencia: ¿mejoró la medicina que practicamos y enseñamos? Anales de La Facultad de Medicina, 74(3), 231–236. https://doi.org/10.15381/anales.v74i3.2641

6.- Junquera, L. M., Baladrón, J., Albertos, J. M., & Olay, S. (2003). Medicina basada en la evidencia (MBE). Ventajas. Revista Española de Cirugía Oral y Maxilofacial, 25(5), 265–272. https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1130-05582003000500003

7.- Papaseit, E., García-Algar, O., & Farré, M. (2013). Talidomida: una historia inacabada. Anales de Pediatría, 78(5), 283–287. https://doi.org/10.1016/j.anpedi.2012.11.022

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